La Lacrimógena y las Luciérnagas

La Lacrimógena y las Luciérnagas

La lacrimógena hace una visita entrando por nuestra ventana, estamos en Santiago centro, uno llora de sociedad, la lacrimógena tiene el aroma de la ignorancia. ¿Qué hace pensar a los estudiantes que los estados van a resolver sus problemas? Los estados siempre han estado ahí para enjaular la consciencia de la población y mantener estándares de vida normales y rutinarios, sobre todo ahora que se nos instruye para servir a la máquina del mercado. ¿Podrá venir la educación de quienes nos prefieren incapaces de crear nuestra propia realidad?.
La escena es absurda, policías y estudiantes odiándose mutuamente por asuntos de los cuales no son responsables, civiles contra civiles. ¿A quién se le marcha en una marcha? ¿A donde va toda esa energía? ¿Cómo vamos a cambiar una sociedad militarizada haciendo marchas? Se quiere cambiar la sociedad militarizada haciendo marchas, pero se olvida que las marchas son un invento de los militares. Vienen algunas preguntas ¿Y si los estudiantes junto con profesores de avanzada se tomaran liceos y universidades no para hacer petitorios ni “resistir” sino para auto-educarse eligiendo los conocimientos y profesores de los cuales quieren aprender, generando sus propias mallas curriculares y propuestas de aprendizaje? ¿o si los padres decidieran no creer más en la promesa de la educación y buscaran formas más adecuadas para el desarrollo natural de sus niños? ¿o es que todavía se cree en el sueño neo-liberal de comprar certificaciones para ser “alguien” en la vida y tener acceso a los beneficios materiales?. Todavía no podemos tener una educación que ayude a los individuos a creer en sí mismos más allá de la auto-estima superficial, y esto se ve reflejado en que se siguen pidiendo las respuestas afuera, a las “autoridades” y así cada cual se exime de su responsabilidad humana. Es verdad que si todo se cuestiona quedan muchas cosas inciertas, ambigüedades por resolver, y ese sería el desafío. La ceguera es seguir pidiéndole al estado lo que queremos en vez de hacerlo por nosotros mismos. ¿Son las protestas realmente una propuesta seria para transformar la educación? ¿O siguen estando enmarcadas en la sociedad de control? No se puede confiar en los estados, pero si se puede confiar en los jóvenes y en los niños, en las madres y en todos los que estén dispuestos a co-crear otra realidad educativa que tenga por fin el desarrollo humano en vez del económico. Los nuevos padres tendrán que escoger y construir el camino luminoso por el cual sus hijos vayan a transitar, pero no podemos dejar el futuro en manos de terceros y menos en manos de gente tan lejana a la ética. En algún momento serán luciérnagas las que entren por nuestras ventanas, por ahora estamos reconociendo recién quién es quién. Es verdad que ya han caído bastantes disfraces, pero sólo de los títeres, aún no hemos visto los huesos más podridos de nuestros gobiernos.
Bicho Pablo

Leave a Reply